La extrema derecha, normalizada en los gobiernos europeos

Hay pocas imágenes sobre el que pasa tan sobrecogedoras como la de la extrema derecha no solamente ganando elecciones con normalidad sino también formando parte de gobiernos y participante en las deliberaciones de los consejos de ministros europeos. Aparte de los gobiernos de las democracias no liberales, es particularmente impactante la presencia nueva de la extrema derecha al gobierno italiano, una de las principales potencias de la Unión. El nuevo gobierno italiano y el gobierno austríaco acontecen los referentes de un movimiento que aspira a dar un golpe de mesa en las elecciones europeas de mayo del año que viene.

Aparte de Italia y Austria, la extrema derecha más clásica está también en los gobiernos de Bulgaria y Grecia. Este último caso es muy especial, dado que Syriza, a pesar de ser de extrema izquierda, no tuvo ningún problema en pactar el gobierno con la extrema derecha en base a la coincidencia de objetivos contra la austeridad. Otra cuestión preocupante, sobre todo en vista de las próximas elecciones europeas, es que la media del voto a la extrema derecha ya se ha consolidado por encima del 10% en muchos estados importantes, incluyendo Francia y Alemania.

La influencia rusa crece y hace peligrar la unidad

Muy vinculado al crecimiento de la extrema derecha hay el crecimiento de la influencia rusa. La formación del nuevo gobierno italiano fue acompañada de propuestas de no votar a favor de las sanciones contra Rusia, que tienen su origen en la invasión de Crimea. De momento, la amenaza no se ha cumplido, pero si lo hicieran, podría comportar una gran división dentro de la Unión Europea.

Más allá de Italia, varios gobiernos del Europa Central han ido mirando con simpatía el proyecto político del Kremlin, cosa que ha causado recelos en Bruselas. Algunos de estos estados habían caído en la órbita geopolítica tradicional de Rusia o habían formado parte del Pacto de Varsovia en la época de la guerra fría. De estos, Bulgaria y Eslovaquia son considerados los más favorables en Moscú.

La crisis de los refugiados como telón de fondo

El gran telón de fondo, que puede acabar de concitar todas las crisis y traer la Unión a la implosión, es la crisis de los refugiados y los migrantes. Europa no ha sabido elaborar ninguna política común ni adoptar ninguna política consistente con los principios humanísticos que tenían que hacer de norte según los padres fundadores.

La crisis, además, prácticamente ha destruido uno de los grandes pilares del mercado único que era la libertad de circulación. Desde Suecia hasta Grecia, la mayoría de los estados han restaurado las fronteras terrestres de manera más o menos camuflada, y dificultan no solamente el paso de los migrantes sino el de los nacionales. La perspectiva de construir campos de concentración a los países del sur para retener quienes consiguen de atravesar el mar –decisión a la cual Merkel ha cedido finalmente– acaba de hundir la imagen de una Unión Europea campeona de los derechos humanos en todo el mundo. Y esto que este era el único espacio de liderazgo real que podía tener.

Con todo ello, el pesimismo y el malestar se esparza por Bruselas, donde nadie sabe como invertir la tendencia. Aquella Unión Europea que era vista con admiración en todo el mundo como el experimento más interesante de superación de la sido-nación ya no existe sino sobre el papel. Y la pregunta que nadie pensaba que se pudiera hacer ahora ya aparece en todas las conversaciones: será capaz, la Unión Europea, de resistir la conjunción de todas estas crisis o el adiós del Reino Unido será el preludio de la implosión del proyecto europeo?